Ferdinand De Saussure


Ferdinand De Saussure fue el primero en redefinir el horizonte de los estudios lingüísticos. Hasta los inicios del siglo XX, la lingüística asumía una perspectiva histórica, realizando estudios en los cuales se comparaban las lenguas entre sí. También se elaboraban repertorios etimológicos, a partir de los cuales se establecían relaciones entre las familias de lenguas, fundamentalmente atendiendo a las romances y germánicas. Al definir la lengua en términos de “sistema de signos” confronta con la idea común de su tiempo de concebir a las lenguas como nomenclaturas, esto es, un catálogo de nombres que se corresponden con objetos o estados del mundo. Para Saussure, la lengua debe ser concebida como una institución social, de naturaleza mental y previa e independiente de los usos de los hablantes. Hace hincapié en la facultad mental asociativa, ya que desempeña el un papel determinante en la organización de la lengua como sistema. Esta facultad es la que posibilita la asociación entre los conceptos con la representación de los signos lingüísticos. Debe notarse que el enfoque sociológico de la concepción de lengua en Saussure se corresponde con muchos aspectos de la doctrina sociológica de Durkheim, coetáneo de Saussure. Para ambos autores las instituciones sociales actúan como una norma impuesta a la colectividad, y tanto la coerción que ejerce y la autonomía de que la cual goza, son sus características centrales. El individuo registra pasivamente, y actualiza con sus acciones, el funcionamiento de un sistema cuya dinámica es independiente de sus decisiones (Sazbón, 1997: 16).
La noción de signo lingüístico es central en la teoría de Saussure. Él propone algunos rasgos que lo caracterizan, los llamados principios del signo. Estos principios tienen la peculiaridad de determinar aspectos sustanciales de los signos lingüísticos que posibilitan diferenciarlos de otros: lo arbitrario del signo, el carácter lineal del significante, la inmutabilidad del signo y la mutabilidad del signo. El principio de la arbitrariedad del signo lingüístico atañe a la relación entre el significante y el significado. Básicamente postula que no hay ninguna razón lógica, natural o causal para que a determinada secuencia de sonidos, a determinado significante, le corresponda el significado que la lengua le ha asignado. La unión de los componentes del signo responde a una relación fundada en lo arbitrario. La prueba irrefutable de este primer principio es la presencia de las numerosas lenguas que designan (con diversos significantes) significados más o menos similares. Sin embargo, Saussure aclara que la palabra “arbitrario” necesita una observación, ya que ésta no debe dar la idea de que la asociación entre significado y significante depende de la libre elección de los hablantes, sino que dicha asociación se apoya en una convención social. Una comunidad lingüística depende de dicha convención para comunicarse, cada nuevo hablante que se integra a una lengua acepta las reglas convencionales por las cuales determinados significantes están atados a sus respectivos significados. A partir de esta observación considera oportuno incorporar el término “inmotivado”, con el fin de hacer más evidente que la unión entre significante y significado no guarda ningún lazo natural.
Finalmente, la noción de valor refuerza la idea de que el lenguaje es un fenómeno de carácter social. La lengua demarca unidades en el plano del pensamiento (que constituyen los conceptos), y en el plano del sonido (que constituyen imágenes acústicas). En esa unión se constituyen los signos lingüísticos, vínculo posibilitado por la facultad asociativa y coordinativa del lenguaje. Saussure destaca que en esa segmentación, la elección que se decide por tal o cual porción acústica para tal idea es arbitraria, y que esto es así porque las unidades son identificadas en un sistema de valores enteramente relativos. Con este razonamiento subraya Saussure que las ideas de arbitrariedad y valor son solidarias al expresar que:
“...lo arbitrario del signo nos hace comprender mejor por qué el hecho social es el único que puede crear un sistema lingüístico: la colectividad es necesaria para establecer valores cuya única razón de ser está en el uso y en el consenso generales; el individuo por sí solo es incapaz de fijar ninguno. Además la idea de valor, así determinada, nos muestra cuán ilusorio es considerar un término sencillamente como la unión de cierto sonido con cierto concepto. Definirlo así, sería aislarlo del sistema del que forma parte; sería creer que se puede comenzar por los términos y construir el sistema haciendo la suma, mientras que, por el contrario, hay que partir de la totalidad solidaria para obtener por análisis los elementos que encierra.” (Saussure, 1916 [1983]: 194).


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Bibliografía

Benveniste, Emile (1966): “Capítulo 3: Saussure después de medio siglo”, “Cap. 4: Naturaleza del signo lingüístico”, “Cap.7: Estructura en Lingüística” y “Cap.10: Los niveles de análisis lingüístico”, en Problemas de Lingüística General. Siglo XXI. Madrid, 1971.

Sazbón, José (1985): “Significación del saussurismo” en Saussure y los fundamentos de la Lingüística. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1987.